El calmante no elimina el problema


Constantemente tienes dolores cervicales.

Te levantas por la mañana y es en lo primero que piensas.

Trabajas sentada delante del ordenador con dificultad para concentrarte porque esa molestia sigue dándote guerra.


La mayoría de soluciones que ves por ahí, incluida la que te ofrece tu médico, es tomarte calmantes y tirar pa'lante. A lo sumo te recomienda ir a un profesional para relajar la tensión de la zona.



Déjame decirte que la tensión,

aunque sí molesta,

no es la raíz del problema.

Digamos que eso es solo la punta del iceberg.



Nuestro organismo funciona como un equipo. Vamos a transportarnos dentro de

una oficina en la que hay 5 personas, 3 de las cuales trabajan muy lentamente. A pesar de ello, el equipo tiene que conseguir terminar el trabajo a las 15h, por lo que hay dos personas que constantemente trabajan mucho más y mucho más rápido, bajo una presión constante para poder llegar al objetivo.


El resultado son 2 personas estresadas, irritables, con tendencia al burnout y que constantemente necesitan ir a relajarse, desconectar... Total, que el equipo no fluye y es poco productivo.


¿No crees que todo se solucionaría

si todo el equipo realizara su función

en la medida que se espera de cada une?


Por eso, lo importante de toda esta situación es detectar cuál es el problema de las personas que rinden menos (desmotivación, falta de conocimientos o herramientas, etc) y solucionarlo. De esta forma, todo el mundo trabajará sin estrés añadido y sin llegar a un punto de sobresaturación mental.


Es lo mismo que sucede en tu musculatura.



Si te centras en la que suele estar contracturada, posiblemente se repita la misma situación una y otra vez, a pesar de eliminar la contractura una vez al mes.


Si, de lo contrario, le empiezas a prestar atención a la raíz del problema, a aquellos músculos que están débiles y necesitan reactivarse para poder trabajar de forma adecuada... conseguirás progresivamente eliminar esa molestia de una vez por todas.




Una vez se detecte la debilidad, hay que entrenar a ese músculo (o grupo muscular) como si de un bebé se tratará. Desde una intensidad adaptada e ir aumentándola paulatinamente.


Recuerda que tu musculatura es el primer muro que lidia con las fuerzas a las que sometes tu cuerpo (tensión, presión, cizalla, gravitatorias, elásticas...). Si éstos no están preparados, el estrés pasará a tus tendones (unión músculo-hueso), de ahí a tus ligamentos (unión huesos), etc.


Tomar un calmante tan solo tapará el problema, pero la contractura, la inhibición muscular, la herida... seguirá allí. Al no notar el dolor, tú seguirás realizando tu vida normal como si la herida no existiera. Como te puedes suponer, la herida empeorará en vez de desaparecer. Y eso, amigas, es lo contrario a lo que queremos conseguir. ¿No crees?

Por eso es importante prestar tantísima atención a nuestro organismo. Escucharlo, detectar el problema y solucionarlo antes de que se expanda donde la lesión pueda ser mucho más delicada.



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