Que el ejercicio dure toda la vida

En el post anterior


ya dejamos claro que la vaguería puede eliminarse si se trabaja de forma activa. Si repites una acción varias veces, consigues automatizarla, que no sea una carga tu cerebro y que éste deje de jugártela.




Pero para ello, la actividad tiene que ser placentera y darte alguna recompensa, como por ejemplo:



1. Acercarte cada vez más a tu objetivo intrínseco, del que hablamos hace dos semanas en este post.






2. El simple hecho de haberla realizado te provoca una lluvia de Dopamina que mejora tu estado de ánimo temporalmente.

3. Producirte un bienestar alternativo al que te provocará el estar realizando uno de tus sueños (punto 1).


Como ves, el ejercicio físico cumple las tres premisas de las que te hablo.


1. Quieres estar más activa y sana. El ejercicio te acerca a ello.


2. Al hacerlo, no sólo tienes una lluvia de Dopamina por el simple hecho de cumplir con tu objetivo. Además, tienes avalancha de serotonina, testosterona… y otras muchas más hormonas que te ayudan estar más feliz y a mejorar el funcionamiento general de tu organismo (sistema circulatorio, respiratorio, excretor, etc).


3. El bienestar alternativo, además del que te hablo en el punto anterior, es que te permite tener la forma física que necesitas para que tu día a día sea más fácil y llevadero. Que tus músculos puedan cargar todo el estrés que tus rutinas diarias le puedan suponer.


felicidad enérgica

Ello supone tener mucha más energía de la que utilizas en tu día, permitiéndote realizar más actividades o terminar el día enérgica y vital.



Pero empezar a entrenar no es simplemente empezar a hacer cualquier ejercicio y ya. Ahora que ya estamos convencidas de que hacer ejercicio es importante y necesario para sentirnos felices, energéticas y vitales… En el próximo post te enseño a cómo empezar a entrenar y mantenerlo a largo plazo.


Que la motivación te pille preparada

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